domingo, 2 de mayo de 2010

Entrada de prueba






Tras la Segunda Guerra Mundial, la idea liberal de la libertad individual había alcanzado un amplio desarrollo en las democracias occidentales.
Esta sociedad, erigida y construida bajo los valores del individualismo, que muchos americanos contemplaban como una ‘Edad de Oro’ de su civilización, escondía, según otros, un lado siniestro: la pérdida de la excelencia, el desencanto, la vulgaridad y la corrupción, la ruptura de la cohesión social y el embrutecimiento. Las mismas cosas que, superficialmente, hacían parecer al país como próspero y feliz, fueron interpretadas como signos de decadencia y de corrupción interna.